DEBATE EN MUXIA. SOBRE REPLICAS Y REPLICANTES

La ciudadanía de Muxía mayoritariamente es partidaria de replicar el desaparecido retablo de Miguel de Romay del santuario de A Barca.

Tanto el alcalde local como el párroco o una encuesta en internet concuerdan con la abrumadora posición de apoyo a esta iniciativa, y por supuesto la comparten los creyentes y devotos que forman parte de la comunidad católica local que algo tendrán que decir al tratarse de un templo católico y no un museo ni un centro social, pero pocas veces se atiende a su opinión; algo que ha soliviantado a algún replicante santón del arte gallego que en su «réplica» a tal ofensa incluso trata al vecindario de menor de edad necesitado de orientación.

Un discurso viejo y con malos antecedentes. Por supuesto parte de estos «sabidos» no conocen Muxía ni creo que ninguno de los ofendidos sean creyentes. Espero que algo de esto pese en el Arzobispado para no actuar otra vez en contra de los suyos, del verdadero constructor y propietario del santuario, la comunicad de creyentes de Santa María de Muxía, arciprestazgo de Nemancos.

Ejemplos de intervención actual en templos por algunos de estos ilustres, limpiando santuarios de venerables imágenes al frío modo luterano o pintando de azul moco los arcos góticos de la jacobea Santa María de Fisterra sí son atentados al arte y a la historia.

Los vecinos de Muxía tienen derecho a opinar sobre la reparación del daño a su santuario jacobeo (faltaría más) y cuentan con la suficiente información a la hora de elegir entre las distintas opciones que se planteen. Por supuesto lo mismo sirve para las autoridades locales y la parroquia. Algo que no fue atendido de inicio por los pastores de la grey en la intervención en el templo.

El debate entre replicar una obra de arte destruida o crear en ese espacio una obra nueva es viejo y cuenta con ejemplos cercanos en nuestro tiempo, con comunidades y expertos que han tomado una u otra opción con mayor o menor fortuna. Hubo réplicas y muy valoradas, por lo que es una opción tan válida como la rival. La controversia reciente y no terminada sobre la la reconstrucción de Notre Dame es también polémica, un ejemplo más de este tipo de intervenciones, con voces que apoyan mantener el diseño original frente a los que apuestan por crear una nueva estructura que sume algo vanguardista a las capas de historia de esta arquitectura. Con prestigiosas firmas que apuestan por la versión preferida en Muxía. Incluso se discute si se repara con madera o con hormigón o hierro, utilizados en la reconstrucción de otras catedrales como la de Chartres, en 1836, o la de Reims, en 1914.

Fueron célebres las reconstrucciones españolas de piezas como la Santa Cruz de la Victoria de Oviedo, el Alcázar de Toledo, monasterios como Santa Isabel la Real, Valbuena, Caaveiro; pero hubo grandiosas obras que intentaron reparar la destrucción que trajeron a Europa las guerras y el odio.

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En el recuento de exitosas y valoradas réplicas del original del arte europeo recordamos la catedral de Colonia, la del Cristo Salvador de Moscú, San Esteban de Viena, la lonja de paños de Ypres, el puente de Mostar, el castillo de Buda, el fuerte Manoel de Malta, la abadía de Montecassino, el centro histórico de Varsovia. En mis viajes por Alemania conocí docenas de casos (Kassel, Minden, Hameln, Nuremberg) , también descubrí la revalorización de ruinas apenas tocadas.

Supongo que los desafortunados detractores de la opción preferida en Muxía para su santuario conocen todos estos referentes.

Pero hay algo que pesa mucho en la balanza a la hora de tratar una polémica así, y es el cariño que el pueblo tiene a una pieza, un edificio, un retablo.

La devoción, las creencias, la conversación y familiaridad de la obra con su entorno. Y el retablo del maestro Romay, pieza excepcional de nuestro arte, sigue en el recuerdo de tantos romeros que hicimos a mediados de septiembre el camino a Muxía desde nuestros pueblos. Romeros que siendo además de la misma ría sentimos el templo desnudo sin su retablo.