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Rafael Lema nos cuenta su experiencia el pasado fin de semana en la proyección de un documental sobre Manfred Gnadinger, "O Alemán de Camelle".El encuentro sirvió para esclarecer muchos datos sobre la biografía de Man, gracias a la visita a Camelle, por primera vez, de su hermano Roland, que contó bastantes anécdotas de la vida del anacoreta.

MANFRED: MÁS DATOS SOBRE SU HISTORIA.
 
El fin de semana los vecinos de Camelle pudieron ver un documental sobre la vida de Man, o alemán, rodado por el venezolano afincado en Colonia, Bernardo Sequera. Además, está en la localidad hasta el miércoles el hermano del artista anacoreta, Roland Gnädinger y su esposa, Waltraut. Durante la exposición de la cinta, los vecinos pudieron ver documentos inéditos de la vida del artista, en su etapa de infancia  adolescencia en Bohringen, su pueblo natal de la Selva Negra, y el testimonio de familiares, compañeros de pupitre y de juegos.
Uno de los documentos filmados fue el testamento de artista, realizado en 1972 en la notaría de Vimianzo, en donde indica que deja su casa y sus bienes al Estado Español pidiendo al Ministerio de Educación y Ciencia que salvaguarde su obra. En este caso le quedaron a Hacienda 120.000 euros, pero su museo sigue en estado de abandono. Por otra parte el artista pedía que sus restos fuesen enterrados en su casa museo o arrojados al mar, algo también incumplido. En los dos últimos años de su vida trató infructuosamente que la Xunta o el Concello se hicieran cargo de su legado, pero no le hicieron el menor caso. Man estaba muy enfermo, se sentía solo y despreciado, “como un perro solitario”, y el Prestige acabó con su resistencia, dejó de medicarse, apareció muerto, convirtiéndolo en lo que más aborrecía, en un icono de la tragedia aprovechado políticamente por los que lo ignoraron. 

Su hermano Roland, agradeció al pueblo de Camelle la acogida prestada a su hermano y todo el apoyo recibido por este vecino tan especial y querido en líneas generales pese a su hermetismo y a algunos episodios de tensión por su carácter especial. Roland es dueño de un taller de la Mercedes en su pueblo natal, que entonces tenia 1.800 vecinos y hoy 4.000,  y recuerda cuando su hermano le pidió que le llevara a la carretera nacional para hacer autostop y correr el mundo. Roland explicó que con su hermano se carteaba con frecuencia pero  “ nos prohibió visitarle, ni a sus parientes ni a nadie de su entorno y amenazó con quitarse la vida o hacer algo terrible si lo veníamos a ver”.

Man era miembro de la familia más rica de la comarca, en una época de penuria para la sociedad alemana tras la guerra, y un niño tímido y solitario que no participaba en los juegos con los demás ni en actividades fuera de la escuela. Así lo recuerdan su hermano y sus compañeros de clase en la etapa de 1942 a 1950. Además era tartamudo, y un profesor filonazi que le tenía tirria por ser rico lo insultaba siempre por esta condición, sin embargo su hermano dice que en su casa y con la familia nunca fue tartamudo. La mujer de Roland lo recuerda como un joven que paseaba jugando con un cántaro de elche al  que que volteaba sin cesar mientras las niñas jugaban, por eso le tenían cierto miedo y le llamaban “el loco”. El día que Waltraut acudió a la casa grande de los Gnadinger para ver al que sería su esposo y vio a Man recibió una gran sorpresa, exclamando “el loco es el hermano de mi novio Roland”.

El episodio que más le marcó fue la muerte de su madre, Bertha, en 1951. El padre volvió a casar y su madrastra lo maltrataba. La situación económica de la familia empeoró, tuvieron que vender tierras, y un extenso bosque, por lo que se marchó a trabajar a una famosa chocolatería suiza en donde se convirtió en un destacado repostero de la casa Keller entre 1959 y 1961. En las fotos de las famosas tartas de la Selva Negra de esta casa se aprecian las columnas de cantos rodados de futura la obra de Man en Camelle. Moldeaba torres de “bolos” como si fuera pan. Allí la hija del dueño se enamoró de el pero el le contó a su hermano que  “ me quiere cazar, pero yo quiero estar sólo”. El hermano le insistió, “es un buen partido, serás el jefe de la pastelería, aprovecha, pero el se negó, no quería tener relaciones tan pronto”. Desde esa época empezó a dibujar, a pintar cuadros, y a escribir aforismos y poemas, pero su hermano dice que su vocación fue autodidacta, nunca acudió a una escuela de arte o de dibujo. Hace un corto viaje a Italia para ver arte, y a su regreso opta por marchar del país. En ese tiempo dibuja torsos, rostros, y escribe pequeños aforismos de cuatro o cinco líneas, con influencias bíblicas y de poetas alemanes, sobre el amor, la muerte, la creación. En uno dice “pintar cuadros, escribir, antes de hacer milagros el discípulo ha de retirarse”. Estas ideas en breves trazos seguirán acompañándolo hasta sus días finales.