Las coplas del Entroido del Nil en 1928. Rafael Lema

En el corazón de la Costa da Morte, la costa camariñana, a nivel popular el barco más célebre y con más anécdotas fue el Nil. Embarrancó, o dou, como decimos aquí, en Arou, en la ensenada conocida como Xan Ferreiro, en medio de una densa niebla y con una avería en los guardines o cadenas del timón, que le impedían cualquier maniobra.

 

Fue a las siete de la tarde del 10 de octubre do 1927. Las condiciones del mar ese día en la ensenada de Arou permitieron un rápido salvamento de la tripulación, sin ninguna pérdida entre los 19 tripulantes y pasajeros. Era un buque de 4.000 toneladas, matriculado en Burdeos, que había salido de este puerto con destino a Bathrust, actual Banjul, en Gambia, con carga general, unos 20 coches, maquinaria, telas, seda, diversos productos químicos y farmacéuticos y grandes cantidades de champaña. Las coplas que se cantaban en los «entruidos» de Ponte do Porto y Camelle hablan de varios naufragios como «o barco do tabaco, o Nil» y son hoy también una fuente de memoria oral convertida en documento.
La noticia corrió enseguida por toda la comarca, de Camariñas a Malpica. Así lo cantaban en el entruido de Ponte do Porto, en unas célebres coplas que resumen muy bien la idiosincrasia local y el entorno social sobre el mundo de los naufragios y la vida de la época en las poblaciones costeras.

 

«Es tan grande la alegría/cuando dicen barco a pique/que se junta tanta gente/que hasta vienen de Malpique». Grupos de personas patrullaban la costa a la espera de recoger algún fardo perdido por el barco, pero sobre todo para intentar sisar de su repleta bodega lo posible. Las riquezas del barco atrajeron así a los raqueros, y a las fuerzas del orden, los carabineros y guardias contratados por la compañía en defensa de la carga. Pese a los disparos, amenazas,detenciones de la «fuerza», el barco dejó muchas cosas en tierra a beneficio de los más atrevidos que lo liberaron de parte de su carga.
«y el caso se da señores/ de tanta abundancia pues/que la gente pide barcos/que no sean del francés./Y bien clara está la cosa/y tan clara que así es/que no hay barcos en el mundo/más repletos que el inglés.En los varios meses que estuvo allí el mercante las anécdotas se multiplicaron. Alfredo Noya, un comerciante de mi pueblo, Ponte do Porto, a seis kilómetros de Arou, lugar que entonces pertenecía a aquella parroquia, fue uno de los que más beneficio sacó, tanto comprando mercancía robada del barco como aligerando su «faiado» de objetos que no tenían salida.

 

 

img_5c3163335ece987165577dfff7dd3eaab05eae1a

 

Así mojaba los fardos de tela del país y los vendía como paños de Francia sacados del Nil, anécdota que no solo me contó mi abuela sino el señor Buenaventura Castro Rial, ceense de pro, en una de sus largas jornadas de visita y tertulia en casa de mis padres. Y las populares coplas del Nil lo recuerdan:«Así que todas mocitas/aunque no lleven zapato/si se quieren ir de moda/que lleven cosas del barco». En casa Petrayo, en Traba o en mi casa se conservan algunos objetos de Nil. Mi bisabuelo Manuel Lema, natural de Traba de Laxe, participó en uno de estos grupos de intrépidos asaltadores de barcos perdidos. Adquiría a un grupo de valientes muchachos piezas que el mar arrojaba o que alguno de ellos con osadía sacaba del interior del barco en los despistes de la guardia. En fin, que conservo en mi casa varias cajas del Nil, máquinas de escribir, de coser. Una casa que mi pariente construyó en parte con la madera adquirida de otro naufragio, el del Santa María, hundido unos años antes en la misma zona.

 

 

 

Los trabajos de salvamento de la carga del Nil ocuparon varios meses, pues el barco si bien se había perdido irremediablemente y presentaba numerosos boquetes por donde salía la mercancía, aguantó el tiempo necesario para salvar la mayor parte.Entre raqueros y carabineros los enfrentamientos eran continuos. El carnaval del año 28 en Ponte do Porto se dedicó al Nil. Los poetas locales de la época, como Sidrito y Milito Lastres, Leopoldo Miñones, Gumersindo Carballo, Ricardo García, Toto, Roget, o Arxentino, os da Botica, crearon unas coplas que aun se recuerdan y cantan en mi pueblo. Vestidos con sacas del Nil montaron la comparsa «Los Piratas» y actuaron en Ponte do Porto, Camelle, Camariñas, vendiendo las historias impresas (conservo una) para recaudar fondos y crear un equipo de fútbol, el Porteño CF, que todavía existe.»Aquí venimos señores/ procedentes de Pichil/ y casi nos gustaría/ser los piratas del Nil./ Y ya que hablamos del Nil/algo vamos a contar/pues resultan muy bonitas/las cosas de orillamar».

 
El gran fotógrafo de Muxía Ramón Caamaño los inmortalizó en una de las fotos que mi recordado y fallecido amigo me dejó en un homenaje que mi asociación, el centro Blas Espín, le rindió, y publique por vez primera en 1993 en mi poema largo Costa da Morte. La única copla entera y original del Nil que pude recuperar gracias a José Antelo «Chuquiño» y Gustavo Redondo salió a la luz en 2008 en el portal www.anosacosta.com. Nuevos documentos gráficos fueron reproducidos en 2014 en la web www.adiantegalicia.es  

 
Una pareja de carabineros decidió partir la guarda y, en el turno de imaginaria de uno, el otro se fue a dormir entre unos sacos que le guarnecían de frío. En estas subió un osado raquero y en la oscuridad se dirigió al grupo de sacos, tomando el que más abultaba, pero iniciando la huida con el matute «ó lombo», el fardo se movió como un fantasma. El susto de raquero y carabinero suponemos que fue compartido, pero como en los cuentos con perro y gato, el amigo de lo ajeno salió por piernas. «Y al ver que el fardo pateaba/ como si fuera un carnero/ vaya el susto que se papa/ por ser un gran matutero». Aunque así esté impresa la copla, oralmente la gente sustituía «gran matutero» por «carabinero». La censura no permitía nombrar la autoridad, pese a que Valle Inclán en ese tiempo se pasaba la consigna por el forro en sus Comedias Bárbaras.

 

 

54

 

Otros tuvieron menos suerte, como relata la citada historia, documento incontestable de la picaresca del fenómeno raquero. «Buscando en la bodega/ sin temor a los cangrejos/nos llevamos un parchazo/ con un lote de sacos viejos/. Y siguiendo con afán/ nuestra lucha sin igual/ conseguimos pronto al fin/ una caja de champán». Un vecino de Arou perdió un brazo intentando robar un saco. El capitán permanecía a bordo de su barco en tanto no concluían los papeleos del seguro. Y de paso vigilaba ante las numerosas incursiones o intentos de rapiña. En una de estas sorprendió a un asaltante en cubierta y le disparó un tiro en plena cara, que afortunadamente no le provocó al asaltante más daños que unas molestas curas. También se produjeron peleas entre los raqueros y trifulcas en cubierta o en tierra en el reparto del matute. En una de estas, un vecino perdió una oreja. En otras ocasiones hubo más fiesta. Así dos chicas raqueras que acompañaban a sus novios en la visita al barco en aquellas largas noches al sereno se ganaron un bombo. «Muchas mujeres que fueron/ muy contentas para el Nil/ y el matute que trajeron/ fueron hinchadas de aquí».

 
Todo objeto que caía en manos de los vecinos servía, tenía gran valor en una época de escasez y una zona alejada de todo, en donde además la mayor parte del comercio se hacía por mar, en cabotaje. Aunque aprovechando todo, («todo o que cae na rede é peixe») en muchas ocasiones no se sabía para qué valía el matute. Unos botes de leche condensada sirvieron para pintar las puertas de una casa, pero las moscas acudieron enseguida para sacar de la duda al arriesgado pintor. Un grupo de guardias del barco no teniendo agua en cubierta para hacer el café, usaron champán, bebida por otra parte que fue degustaba en las tabernas de Ponte do Porto por vez primera al lado de otros licores de lujo. En el Casino, fundado en 1915; en el Café Moderno de As Barrosas, la fonda de María de Luisa, el Inocencio, el Ramón de Julia, Trabeiro, Atrevido.