Natalia Lema Otero-A veces la Historia queda sumergida y no hay mejor ejemplo que el del Embalse de A Fervenza. Allá por el año 1966 se empezaban a construir las presas de dicha laguna artificial que cambió la vida de muchas personas, del ayuntamiento de Mazaricos y sus alrededores.

 

Este embalse, nacido del río Xallas, anegó valles, tierras fértiles y aldeas completas que quedaron sepultadas bajo el agua, como en otras partes de Galicia con el “boom” de los embalses.Los lugareños de estas aldeas (Baos, Castrerón, Ribeiro…) tuvieron que recoger sus enseres y trasladarse a ayuntamientos limítrofes (Vimianzo, Zas…) o bien hacer el salto a las urbes de la Coruña o Santiago.

 

Así mismo la iglesia se llevó piedra a piedra a la parroquia de O Niñán y los restos del cementerio también se movieron a los nichos de cada familia en sus nuevas residencias.Cincuenta años después, aquellos jóvenes que cambiaron de hogar (ahora ya en una edad provecta) aún recuerdan la ubicación del puente que comunicaba la población.

A día de hoy el Embalse de A Fervenza es uno de los más productivos y gestionado por la empresa Ferroatlántica genera muchos puestos de trabajo en la zona.

 

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