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Estrenamos hoxe a nova sección de Rafael Lema. Unha nova voz que se une cun espazo fixo os outros colaboradores. Nesta ocasión aportando un poema "La Luna Azul". E tamén a súa presentación.

carta presentacionpara web

"Hola compañeiros de anosacosta.com
son Rafael Lema, escritor da Costa da Morte e seguidor desta fiestra aberta de liberdade, comunicación e expresión que me ofrece a oportunidade de escribir comentarios sobre o acontecer cotián da nosa comarca milenaria e dar a coñecer parte da miña obra literaria. espero que estes textos e poemas gañen lectores e amigos
saúde e terra.

RAFAEL LEMA

LA LUNA AZUL

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Un contador de horas en la estación
Por las aristas y el bisel de un espacio
De estudiantes que leen los asesinatos en el Orient Express
Mientras el alba invoca verdes barcos partidos
De su tronco de tierra en el camino de los límites.
Mujeres que corren con una fatiga de infancias con rocío
Golpean la mañana hecha un menguante
Y las máquinas repasan los últimos detalles en los caminos de hierro
Hasta que ceden al movimiento del acero contra el humo.

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La tierra oprimida por las vigas
La hierba naciendo en los giros de marcha del maquinista
Pasos a nivel con tablas de números colores
En la estación de las lunas de whisky bosques negros de lilas.
Con gorra oscura con placa de magnesio
El jefe de la estación deshila los cabos de la carrocería
De un esqueleto de delfín que destrona las cañas
Goleta de avisos por el canellón
Cantos rodados de un arroyo de tritones en fuga.
Llega un barullo de taxis
Golpeando la noche coronando los cielos en los cantones
Y en pub recitan versos de Valente.
Cabellos de querubes sueltan aviones en el aeropuerto
Que sorprenden el teatro de arena de luz y de las aves.
Las gitanas venden chicles de menta y conjuros
A las chicas con mochilas de marca y libros de autoescuela.
Pienso en como era yo
Un tipo con la mirada entre los hierros y las trampas de una vía
Aguardando en el andén la cremallera en llamas de los muelles en las brumas
Herido por las sirenas de la rula donde los vagones baten sus pulmones de talco.

Pensaba en el agua golpeando malecones de estúpidas farolas asesinas de amantes
Que descifraban su misma luz con una poza de nieve.
Pequeños puentes de medio arco
Precisaban su tren metralleta sin balas y con rostros
Siempre esperando el tacto de los teléfonos de baquelita y musgo
Un golpe de suerte el fulgor de las arenas tras un sueño pirata
Prisionero de los paños y de labios de higo y de pavía
Del gas de la lucha de los cuervos con el viento.
La ciudad es la mitad de mi que hoy ríe y mañana llora
Los días tristes en su alegría se disuelven
Mis días alegres contemplando la ruina calman su ímpetu
Con el peso de los nombres y las sombras el ruido de las cejas.
Sientes que puedes llamarle tu casa cuando partes
Regresas a tu isla a veces sin moverte ni tomar respiro
Para ver una torre negra una bola nevada
El rocío ese frío que sigue por los huesos
Cuando ya marchan todos y el cuarto queda
Arrasado de demandas. 

En una bola de cristal coge la ciudad
La unión de calles que andas y desandas
Buses llevando nombres que fijan la presencia
Flores iluminando forjados balcones.
Los amantes no hacen caso de los falsos poetas ni de honrados hombres
Tampoco el sol es capaz de penetrar mi casa
Sus anchas contras que abro para el día
Un jardín una montaña envuelta por la niebla.
Un puñal de sal salido de la negra tierra
O esa espuma de mar y chantilly
Pueden formar un cuerpo
Sorprendido por canciones
En el bosque de eucaliptos quebrado por las aguas
Que en la noche se agitan.
Y al día siguiente en el embalse seco
De nuevo se repite aquel viejo pecado
Aquel verso perdido.

Bajo la ciudad viven aún enterradas corrientes que fluyen
Al centro de la tierra
Y voces de otro tiempo leyendas y batallas.
Las aguas ablandan el lino mueven muelas
Baten la lana de las ovejas
Inundan lavaderos
Riegan paraísos limpian losas
En las torres inundadas.
Tocas las aguas  mansas por la noche y nace un luz con escalofrío.
Unos ojos rotos por un mar que no fue.
En aquellos ojos nunca tristes nunca solos
Están los campos verdes saciados por el río.
Juntando las piedras negras de los rodicios
Abiertos por miles de viradas.
Había molinos de mano en los castros y un agujero en la albera
Para los corazones de las ninfas arrancados por el fuego.
Un cuchillo de tul corta los ojos
Y llegará un año más el tiempo de las cerezas
Ebrios de vino falseados por la carne.
Y llegará
La segunda luna llena dentro de un mismo mes
La luna azul
Mientras se acerca Venus.