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Publicamos una nueva crítica de Santiago Pazos con respecto al FIOT 08. En esta ocasión, Santiago opina sobre la obra "Burger Kin Lear", que puso en escena la compañía portuguesa Joao García Miguel.

FIOT 08 (4)

 

SANTIAGO PAZOS

 

 

EL TEATRO COMO LENGUAJE UNIVERSAL

(SOBRE BURGHER KING LEAR)

La palabra es sólo un elemento más dentro de ese lenguaje universal que es el teatro. Es sin duda muy importante, pero no superior a otros como la gestualidad, el movimiento, la escenografía, o el propio sonido musical que se emite al pronunciarla. Y siendo óptimo para cualquier espectador entender todos esos elementos para poder comprender la obra total, no es justo confundir la parte con el todo y descalificar la obra final porque no hemos entendido uno de ellos.

Es cierto que en el caso de la Compañía Joao García Miguel nos encontramos con el inconveniente del idioma, la mayoría no entendemos inglés ni portugués. Y también es cierto que, siendo imposible la traducción simultánea a través de cascos personalizados porque perdería todo sentido la propia dramatización del texto, el recurso de la pantalla lateral, más que ayudar despistó al personal. Pero no es menos cierto que el Rey Lear es una obra universalmente conocida y que tanto la trama como sus personajes forman parte de la historia del teatro y de nuestra cultura. En último caso, si el producto es de calidad y en este caso lo fue con suficiencia notable, siempre podremos leer el texto con posterioridad, como yo estoy haciendo ahora, para darnos cuenta que lo que desafortunadamente perdimos no quita importancia o valor a lo que disfrutamos.

En cierto modo, la polémica suscitada también podemos situarla en el marco de esa eterna disputa entre los que preferimos las versiones originales subtituladas y los que optan por las versiones dobladas. Discusión nunca resuelta por mucho que el doblaje desvirtúe, como en la mayoría de los casos hace, el producto. En realidad, el problema es que la tendencia a la comodidad está en contradicción con lo que cultura y teatro significan, sobre todo a partir de Freud y su teoría del psicoanálisis.

Joao García Miguel nos propone un Rey Lear fácil de ver, alejado del corsé clasicista acostumbrado para este género de obras, novedoso y moderno en su adaptación e interpretación, y enérgico en cuanto al uso del tiempo y el ritmo.

Por otra parte, gozar de la perfecta entonación de Anton Skrzypiciel como Lear y de su cuidada forma de decir a Shakespeare en idioma original es un lujo. Y el desparpajo portugués de Miguel Borges, interpretando frenéticamente sin apenas transición a toda la cantera de personajes restantes, realza el tono burlesco con que esta compañía se enfrenta a un proyecto tan complejo como este. Los dos actores se dan la réplica con una altura interpretativa que cabe destacar y aplaudir.

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La música, impactante, o sugestiva y de acompañamiento, según toque, crea los ambientes adecuados para el desarrollo de la acción. La escenografía, con un fondo colorista y un montón de sillas metálicas, que a modo naipes van formando desde castillos y salas majestuosas a desfiladeros abismales, facilita los movimientos y el ritmo, de una agilidad física y mental prodigiosa, de los dos actores. Y la iluminación pone el foco y las sombras marcándonos el lugar donde debemos fijar nuestra atención con inteligencia.

En definitiva, un Lear para disfrutar sin prejuicios culturalistas que, más que deconstruido, se nos ofrece tremendamente humanizado desde el sarcasmo y la pantomima bufonesca. Y aunque lamento que gran parte del público la viese con disgusto, nadie puede sentirse engañado porque el FIOT, al que felicito por su apuesta, había avisado con antelación del ¿inconveniente idiomático? en los programas de mano. A mí me gustó mucho, tanto que repetiría sin dudarlo.