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La compañía argentina Los Modernos representó "Fo" en el Fiot 09 de Carballo. Y Santiago Pazos nos ofrece su crítica.

FIOT 09

SANTIAGO PAZOS

MALABARISMOS VERBALES
 (Sobre “Fo” de Los Modernos)

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Los Modernos no son una compañía de teatro, son dos cómicos que hacen un espectáculo de humor para que la gente se olvide de su triste y aburrida cotidianidad. Lo insinuaron ellos cuando al final, como un bis, sacaron dos sillas al escenario y se dispusieron a debatir con un público al que no habían conseguido desinhibir lo suficiente como para lanzarse a la piscina.

Un público raro el que ayer acudió a ver “Fo”. Un público nada compacto, individualista. Reían por sectores, como con miedo a compartir con el vecino aquél extremo del discurso que ellos, sólo ellos, habían comprendido, captado, sobreentendido. Un público egoísta del que también yo formé parte. Lo confieso, en algún que otro momento les regalé sonrisas cómplices. Y reconozco que no me costó mucho porque dentro de su torrencial verborrea  había guiños para todo el mundo.

Y quizás la escasa complicidad no fue culpa del avaricioso público, sino de la desigual creatividad humorística de los diversos textos y canciones, en muchos casos bastante flojos, que desarrollaron e interpretaron. Perfectamente sincronizados juegan con el doble o triple sentido de las palabras cuidando con esmero la vocalización, aunque en muchos pasajes la ajustada y un tanto cursi pronunciación, la agilidad y el ritmo endiablado hacen difícilmente comprensible lo que quieren decir. Es decir, dicen de memoria y, por momentos, su memoria va más rápido que su lengua.

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Y la causa de estos inconvenientes probablemente provenga de la complejidad que supone hacer un musical de estas características, sin apenas instrumentos, donde las canciones sirven de colofón a un texto hablado con rítmica de letanía. Trabajan con textos perfectamente cerrados, donde la rima funciona a modo de corsé impidiendo toda posibilidad de improvisación o interacción, histriónicos sin caer en lo escatológico, ágiles, ingeniosos, y de una fina ironía que no necesita de palabras altisonantes para conseguir una sonrisa. Sus malabarismos verbales están confeccionados con suficiente inteligencia y, si bien su puesta en escena tiene abundantes lagunas y desajustes, al final consiguieron hacer del público un grupo unido que aplaudió agradecido.