Por Rafael Lema

 

Entre las personalidades ilustres del cementerio coruñés de San Amaro está la tumba de una mujer fascinante, Herminia Borrell, natural de Camariñas y la primera española que tuvo el carnet de conducir allá por los años veinte. Pero esta mujer, nacida en 1898 y fallecida en 1971, hija de la emigración cubana, en su vida fue muchas más cosas.

Un albañil de Camariñas llamado Máximo Rodríguez Borrell trabajaba en Cuba para la familia Feijoo, de su mismo pueblo, al cargo de ingenios de azúcar. Máximo casó con María Luisa, la hija de su jefe, Miguel Feijoo, insigne militar. De esta unión nació una hija, Herminia Borrell, al final de la guerra cubana, que llevaría una vida de mademoiselle terrible, en ambientes de lujo, de viajes de placer por toda Europa, de bailes y saraos en plena Belle Epoque. Amiga del deporte, del arte y de los coches, su vida nada tenía que ver con la calamitosa situación de la mayor parte de la población de la Costa da Morte de su época.

Herminia Borrell en el año 1922 se casa en Londres con Nubar, hijo de Calouste Gulbenkian, un armenio multimillonario que era uno de los grandes amos del petróleo de su tiempo y que dejaría una afamada fundación con su nombre en Lisboa, una de las entidades culturales más famosas del mundo. Cinco años duró el matrimonio de Herminia entre viajes por toda Europa, por Viena, París o Londres, y una vida de lujo y esplendor.

Herminia Borrell, más tarde se instalaría en A Coruña, en el pazo de Sigrás, pero tenia propiedades en Carballo y en Camariñas, lugares que visitaba con frecuencia, hasta el día de su muerte. Entre otras cosas fue una gran embajadora del encaje de su villa natal.

El apellido Borrell está presente en Camariñas desde por lo menos 1753, llegado desde Cataluña por un sargento del castillo del soberano. Por otra parte, la familia paterna, los Feijoo Pardiñas, son oriundos de Camariñas. Cuando muere en 1902 Elena Álvarez Pardiñas quedan como herederos los hijos Ambrosio Feijoo Álvarez Pardiñas, Elvira, Landelina, Josefa, Miguel, Matilde, Laura, Herminia y Daniel. En Cuba estuvieron los militares Miguel y Ambrosio Feijoo, otro camariñano distinguido ya que sería al militar más viejo del ejército español, llegando a los cien años (1861-1961).