Fiot: de Hermanos Marx y Aeroplanos.

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Nuestro comentarista oficial del FIOT 2008, Santiago Pazos nos ofrece sus crónicas sobre las representaciones de "La verdadera historia de los Hermanos Marx"  de Teatro Meridional y "Aeroplanos" de Lagarta Lagarta en Carballo.

FIOT 08 (2)

ESCONDIDOS TRAS UN RODODENDRO

(SOBRE LA VERDADERA HISTORIA DE LOS HERMANOS MARX)

 

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Por si alguno no leyó el programa de mano en formato periódico de "La verdadera historia de los Hermanos Marx", y lo tiró pensando que sería el acostumbrado listín telefónico, he de señalar que se han perdido una parte importante de la obra, ya que recoge una serie de artículos cargados de reflexiones desternillantes al estilo marxiano como esta: "Puedes engañar a unos pocos todo el tiempo, puedes engañar a todos un poco de tiempo, pero no puedes hacer una mayonesa rica rica si te están hablando mientras intentas montarla".

La mayonesa que probamos en Carballo elaborada con ingredientes de máxima calidad por Teatro Meriodional, magníficamente arropados, resultó más que sabrosa. La mejor de las que llevamos consumidas en este FIOT 08.

Esta desenfadada comedia de enredo de Julio Salvatierra, que codirige con Álvaro Lavín, además de contar con un libreto fiel a la filosofía "no tan absurda" de Groucho y una comicidad que no desmerece a los homenajeados hermanos, cuenta con unos redondos números musicales de Mariano Marín con coreografía de Teresa Nieto, con una película en blanco y negro bien realizada en la que participan actores conocidos como Antonio Molero o Javier Veiga, y con la colaboración en la dirección escénica de los Yllana, David Ottone y Fidel Fernández.

En un ágil montaje, al estilo de los conocidos musicales americanos de los años cuarenta y cincuenta que incluye la reencarnación de los hermanos Marx como salvadores de su honra y su estrafalaria fama, los actores de Teatro Meriodional nos invitan a vivir una disparatada aventura en la que se recuerdan muchas de las grandes y famosas escenas de estos genios del humor como la del camarote, donde invitan a participar al público.

Como ya demostraron en el formidable Miguel Hernández que nos ofrecieron hace años, son actores que dominan con maestría variados registros de interpretación. Sin dificultad aparente, con naturalidad, nos indican el lugar donde se esconde la ilusión del espectador, ese rododendro imaginario e invisible que todos pudimos tocar.

Como era de esperar, cuando pones madera de calidad en manos de un buen ebanista lo difícil es que el mueble te salga malo.

 

 

 

 

LA NOBLE INTENCIÓN DE AGRADAR

 

(SOBRE AEROPLANOS)

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Que a mí me hubiese gustado tener en la mano el mando de la televisión, para zapear de vez en cuando, mientras veía la obra de Lagarta Lagarta no es un dato de gran interés, pero es un dato. Que mi vecino de butaca bostezase no sería importante si no fuese por su condición demostrada de entendido en el arte de la escena. Que los espectadores que asistieron a la representación fuesen en su mayoría los padres de los que acostumbran a abarrotar la sala del Pazo de Cultura no es significativo, pero algo raro indica.

En definitiva, no es nada extraño (no me gusta pratos combinados) que la obra me resultase plomiza y, que al mismo tiempo, los fuertes aplausos del público, después de sentidas risotadas, convirtiesen en éxito las nobles intenciones de agradar de dos actores con mucha capacidad para lograrlo.

En realidad, he de reconocer que tanto X. M. Oliveira (Pico) como Ernesto Chao, con alguna diferencia positiva a favor del primero, están bien en su papel. Se nota que lo defienden con ganas, que les gusta el rol que le han marcado.

El fallo está en la propia obra y en el tedioso montaje costumbrista que nos presentaron. En la obra, porque tratándose de un tema con múltiples aristas como el de la situación de los abuelos en la sociedad actual, de sus nostalgias, de sus recuerdos, de sus ilusiones incumplidas y de su acomodo en la realidad, nos lo ofrecen desde la superficialidad del chiste fácil y la retranca gallega más manida. Y en el montaje, porque de ser un poco más lento paramos el tiempo y nos dormimos como en las tardes de domingo ante el televisor, porque la escenografía no puede ser más convencional, y porque la música de fondo no pintaba nada cuando los dos amigos conversaban sobre la vida y la muerte, no resultaba necesaria porque ya canturreaban ellos cuando tenían ocasión o ponían aquel tango recurrente y tan bonito en el tocadiscos.No dudo que será una obra de éxito, al rebufo de la telegaita le auguro un largo recorrido.

Comentarios escritos por Santiago Pazos.

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