FIOT 2008:El Ruido de lo cotidiano

0
561

Image
Ofrecemos unha nova crítica con respecto o Fiot. Nesta ocasión o noso cronista oficial Santiago Pazos refírese a actuación da compañía italiana Teatro delle Ariette.

SANTIAGO PAZOS

 

EL RUIDO DE LO COTIDIANO

(SOBRE TEATRO DA MANGIARE?)

 

 

Cuando en 1989 cae el muro de Berlín, y con él una manera de entender el mundo, se desbarataron los esquemas de mucha gente que aún soñaba con una sociedad más justa, más humanizada. En la Europa capitalista y democrática los que se llevaron el batacazo más grande fueron las gentes del Partido Comunista Italiano y otras izquierdas radicales. La autodenominada vanguardia obrera y revolucionaria de Europa, retratada por Bertolucci en Novecento y cantada en hermosos poemas por Pasolini, deprimida aún por las consecuencias del asesinato de Aldo Moro y el navajazo sangriento de las Brigadas Rojas, recibió la estocada más mortífera que un movimiento revolucionario puede aguantar, convertirse en carne y sustento de psiquiatras. Entre ellos, algunos aún calientan hoy los sillones del poder, muchos se disfrazaron de postmodernos, otros pasaron a engrosar las filas del alternativo Partido Radical de Marco Panella, y los más deprimidos se fueron a vivir al campo a refugiarse en ese silencio donde los granos de trigo germinan convertidos en metáfora de la vida.

Image

Del ovillo donde anida esta metáfora surge Teatro delle Ariette. Así, despojados de cualquier atrabiliario atrezzo, nostálgicos sin traumas, vacíos del pérfido rencor, afables sin necesidad de recurrir a la adulación, desnudos aunque vitalmente enriquecidos en definitiva, se nos presentan estos actores iconoclastas del "teatro para ver". Su teatro está creado para degustar, saborear, paladear, y después de digerir placenteramente, ya de sobremesa conversar.

Un teatro, guardando las distancias, muy cercano al que Lorca reivindicaba en "El público". Un teatro sin butacas y sin máscaras. Un teatro donde el espectador lleva el peso de la obra convirtiéndose en protagonista único de todas las revoluciones. Un teatro sin teatro.

Por eso, hablar del Teatro da mangiare? es hablar de un proyecto vital para el que no sirven los conceptos teatrales al uso. Lo cotidiano acapara el primer plano con sus faenas, sus ruidos, sus silencios, sus imágenes reales y sus imágenes imaginarias. Los sentimientos no se interpretan, no se hace necesario interiorizarlos, están vivos, son parte de la experiencia vital del actor, salen al exterior con la naturalidad y la cadencia con la que respiran.

Nos reciben con un homenaje a ese corpus ideológico fracasado, nos cantan la Internacional. Pasan a relatarnos sus peripecias mientras nos sirven una cena elaborada con productos biológicos que ellos mismos han cosechado, sin dejar nada al azar. Nos agarran por el estómago agradecido y, entre risas y lágrimas, nos conducen a una ceremonia, a la luz de las velas, en la que el susurro se convierte en letanía y el trabajo de los cocineros en melodía. El ruido de lo cotidiano es la partitura musical de la subsistencia.

Crean el ambiente propicio, pero también cometen grandes fallos, de inicio instalan una pantalla invisible que les distancia del invitado espectador que te deja descolocado. La cercanía es, en cierto modo, ficticia. Ahí reside la gran contradicción del espectáculo, no alcanzan a desarrollar con plenitud ese teatro que supuestamente pretenden representar, se quedan a las puertas del abismo que Lorca o Artaud exigían traspasar, todavía son proyecto.

El actor espectador puede hacer lo que quiera siempre que no sea un estorbo en el desarrollo de su estrategia, imponen que te conduzcas dentro del esquema por ellos diseñado, tienen una tarea que cumplir y no están dispuestos a jugar al despiste. Les falta resorte en esa capacidad de respuesta necesaria para enfrentarse a los imprevistos. Sólo comparten lo que quieren compartir, una parte de su intimidad no está disponible.

Image

No les culpo, desnudarse totalmente les dejaría indefensos ante un público ni avisado ni preparado para aventuras psicoanalíticas, y quizás el idioma se convirtió también en un inconveniente insalvable. Aunque yo, y gran parte de los comensales, esperábamos más interacción, más diálogo, ellos dejan el tú a tú para esa sobremesa larga, interesante, agradable y esclarecedora que disfrutamos hasta la madrugada.

Hacia los caminos de este teatro de la verdad ha de abrir una de sus ventanas el futuro FIOT. Una apuesta arriesgada de la organización que se merece mi aplauso puesto en pie.

DEIXA O TEU COMENTARIO

Por favor ingrese su comentario!
Por favor ingrese su nombre aquí